Verano 1990: tradicionalmente, hemos cogido nuestras vacaciones en el mes de septiembre. Sin embargo, por desconocimiento, frecuentemente se acercan clientes con la intención de comer. Esas vacaciones, las de septiembre del 90, al ver el bar cerrado, los clientes buscaban la presencia de algún vecino para preguntar. El blanco de las cuestiones solía ser Manuel Moreno Suárez, para nosotros Manolito el Guirre, sentado en la terraza de su chabola cogiendo fresco después de almorzar lo que le preparó Agustinita Ruano Santana, su esposa. Éste hombre era vecino y a la vez familia, hijo y padre de marineros, en esos días jubilado. La secuencia solía ser:

 

  • Cliente: Buenas caballero, ¿está cerrado esto hoy?
  • Manolito: buenas; sí, están de vacaciones.

A los minutos, aparecía otro cliente:

  • Otro cliente: hola señor, ¿esta gente no abre?
  • Manolito: hola; no mi niño, están de vacaciones.

Esta situación se repetía cada pocos minutos, durante toda la tarde y todos los días. El hombre estaba ya cansado de tener que dar explicaciones a todo el mundo. Probablemente se llegó a plantear en algún momento el salir a su terraza en esas horas. Hasta que un día no aguantó más:

  • Cliente: señor, ¿el bar está cerrado?
  • Manolito: noooo, está abierto.
  • Cliente: pero yo veo las puertas cerradas…
  • Manolito: entonces pa´qué “coño” me pregunta.
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