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El Bar Playa comenzó su andadura en el año 1952. Nuestro abuelo Domingo Moreno Martín y uno de sus hijos, Domingo Moreno Artiles, empezaron vendiendo vino a sus compañeros marinos en una caseta de madera de apenas diez metros cuadrados, en la que también dormían.

Debemos recordar que en Arguineguín, barrio conocido hoy como El Pajar, había un asentamiento de marineros muy humildes procedentes en su mayoría de Telde. Una de éstas familias era la de nuestro bisabuelo, Francisco Moreno Negrín, el boya.

Aparte de vino, también vendían café, gofio, azúcar, pan… ante la demanda de sus vecinos y la insistencia de la madre de abuelo, Josefa Martín Valerón. Además también comerciaban en pueblos vecinos como el puerto, Las Crucitas, Lomo Galeón o El Salobre, donde el trueque era fundamental.

Nuestro padre se incorporó a esta aventura en 1956, con catorce años, procedente de Telde, donde vivía con su abuela Josefa. Ésta mujer es el referente familiar. Asumió un papel protagonista cuando la madre de papá, María Jesús Artiles Flores, murió. Él tenía sólo dos años y su hermano Domingo cuatro. Formaban una familia muy humilde, sin recursos, pero con unos valores sociales que el resto tratamos de imitar.

En el año 57, se inaugura la fábrica de cemento ceisa. Meses antes, como el bar estaba en la carretera de acceso a esta industria, se acuerda trasladarse unos metros. Reunieron a un grupo de marinos y levantaron aquella caseta de madera hasta colocarla en su actual localización. Se utilizó como dormitorio. Junto a esta construyeron otra con una barra, que pasó a ser bar y tienda, separados únicamente por una cortina. Años más tarde se habilitó otro espacio para independizar ambos negocios.

La novedad en el bar era la cerveza. La clientela la formaban, sobretodo, vecinos, empleados y transportistas de la fábrica de cemento. A muchos se le apuntaba en una libreta todo lo que iban consumiendo y al principio del mes siguiente, cuando cobraban, venían a pagar. En la terraza había un par de mesas que utilizaban para jugar a las cartas o al dominó.

En 1968 se reforma la infraestructura, convirtiendo el bar y la tienda en una instalación moderna. Abuelo Domingo, encargado de la cocina, elaboraba rebogados de judías; macarrones; churros de pescado; papas, judías y fideos; pulpo en salsa… además del “pescaito” frito y los chocos. Papá se encargaba de la barra, donde se hacía todo el servicio.

A mediados de los ochenta, ante la demanda de los clientes, se decidió poner dos o tres mesas fuera, con la incertidumbre de si iba a funcionar o no. la sorpresa fue que siempre estaban ocupadas. Así, al tiempo que se iba adecentando la terraza, se colocaban más mesas. A los clientes se les despachaba en la barra y ellos mismos se llevaban sus cosas para las mesas. Era una relación muy familiar.
Aproximadamente en 1990, nuestro negocio tuvo un punto de inflexión. Apostamos por atender a los clientes directamente en la terraza. Teníamos mayor control y dábamos un servicio mejor. Acondicionamos la infraestructura de la cocina y la comida se servía más rápido. Esto generó un aumento de nuestra clientela. Fue un éxito.

Afortunadamente, esta evolución positiva se ha mantenido hasta nuestros días. Hemos tenido que ser fieles constantemente a dos objetivos: mantener la calidad y mejorar el servicio. Ambos van íntimamente ligados. Para ello, hemos invertido, además de en personal, en instalaciones y equipamientos. así, actualmente disfrutamos de una cocina con maquinaria de última generación, cámaras de frío, almacenes perfectamente equipados, baños acondicionados, incluido uno para discapacitados físicos y otro para el personal, equipos informáticos…
Sin embargo, los clientes no han percibido un cambio en la humildad y sencillez del ambiente que siempre nos ha caracterizado. Así, cada vez estamos más cerca de aquella empresa que nuestra familia soñaba: moderna pero a la vez tradicional. Hemos dedicado nuestras vidas a este negocio y nos sentimos afortunados y orgullosos de que la clientela responda como siempre.

“Desde 1952 intentando ofrecer la máxima calidad en nuestros platos, aplicando el mayor cariño y dedicación en todas nuestras acciones, procurando mantener un ambiente familiar y sencillo, y que así nuestros clientes se sientan como en casa”.

FAMILIA MORENO ZERPA

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